El proceso de creación

El proceso de creación, gestación y plasmación de una obra pictórica es complejo. No es el caso fácil de tener una idea y al momento plasmarla en una hoja creando un boceto y con ello la futura pintura. En algunas obras importantes eso queda de lado. No es solo tener claro al momento, que trazos, formas y colores serán el detonante de la evolución a la pintura final. Una cosa es manchar la tela y otra bien distinta es darle vida, sentimiento y “algo más”. En los retratos vemos un claro ejemplo, si algo nos atrae de los grandes retratos de los grandes maestros; es su atmósfera por encima de una imagen, cara, sonrisa o mirada… La atmósfera es importante sin duda, se tiene que ir más allá. El arte es complejo. Cada uno interpreta a su manera lo que ve y por tanto es del todo imposible crear la obra por excelencia que abarque el mundo de las emociones, las formas y la magnitud de la grandeza. Si buscamos grandeza caemos en un error. Pintar con humildad, naturalidad y con destellos de ego. Es la empatía algo necesario para crear algo palpable y cercano. Sin empatía puede ser que no obtengamos los resultados deseados y pese a que pueda gustar o no, no es el caso. Todo va más allá y ahí está la magia del arte. La maravillosa efervescencia del ser humano. Muchos pintores se conforman con que el espectador siga creando la obra una vez “terminada” y otros, queremos que el mensaje sea claro y su simbología entre a la primera y eso exige un control total de todo el conjunto. Destacar el momento del artista creador, si se sumerge en un proyecto debe controlar sus emociones del momento y dejarse llevar por lo que otros piensan y sienten, meterse en la persona concreta y profundizar sin dejarse arrastrar del todo por uno mismo, desde un principio su obra no es suya pese a su sello personal. Ahí la llamada empatía. Cuando pintas un encargo debes tener claro que no es una creación propia sino la de otra persona. No puedes meterte en la mente de todo el mundo y mucho menos saber cómo se sentirá al percibir y concebir el resultado final, lo que se ve.

eeCuando se dice que “se espera la inspiración” para empezar una pintura es eso mismo: el momento preciso en que mente, cuerpo y alma, están preparados para afrontar el desafío de crear. Nada es fácil en esta vida y pintar un cuadro no es para nada, algo divertido. Se sufre cuando se concibe una obra, se siente demasiado y se puede pasar tan bien como mal al mismo tiempo. Saber cuándo parar y cuando seguir. Siempre pienso en el mundo del diseño gráfico como claro ejemplo valido para aplicar en la pintura. Aun ser diferentes, en el proceso de elaboración es prácticamente el mismo. Simplificar y transmitir. Por eso estudié diseño y bien me fue para aplicarlo a mis pinturas y fusionar todo en una misma cosa.
Vivimos tiempos de cambios, de hecho siempre estamos en cambio constante, el tiempo pasa y con ello crecemos y evolucionamos, avanzamos al mismo tiempo que cambiamos ideales, puntos de vista, nos acomodamos y nos amoldamos. Sacrificamos antiguas creencias, que muchas son puntos vitales de la existencia. Las aniquilamos y nos dejamos llevar más de lo necesario. El arte evoluciona pero siempre mantiene la esencia como tal. Pese a estar todo muy trillado, nos toca continuar con la herencia de artistas pasados, al menos intentarlo. Nos podemos permitir los pintores de seguir transmitiendo y seguir inmortalizando lo que otros han dejado para la historia y la eternidad artística colectiva. No llegaremos a la maestría y la magia de esas grandes pinturas, pero al menos nos esforzamos por hacer algo grande. Es pues el proceso de creación algo vital y decisivo. Si quieres mostrar tu obra al mundo debes ser parte de él. Abrir la mente y entregarte a los brazos de la musa inspiración.

Toni H Carné  – Noviembre de 2015